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Un sistema
ABS evita que las ruedas del vehículo se bloqueen ante
una frenada enérgica o sobre suelos deslizantes. Con ello,
se consigue mantener la dirección al esquivar un obstáculo.
Adicionalmente, y bajo determinadas circunstancias, también
se logra reducir la distancia de frenado.
Para conseguir este objetivo, al sistema tradicional
de frenos, se incorpora una serie de circuitos electrónicos
e hidráulicos, que reducen la presión de frenado
en aquellas ruedas que intenten bloquearse. Hay que tener presente
que una rueda bloqueada impide dirigir el vehículo.
Todo sistema ABS debe permitir ejercer
la máxima presión sobre los frenos (para no perder
capacidad de frenado), pero evitando el bloqueo de las ruedas.
Para llegar a este compromiso, el sistema ABS reduce o permite
aplicar presión a los frenos de las ruedas que se bloquean
varias decenas de veces por segundo. Así pues, consigue
modular, de manera prácticamente continua, la presión
de frenado de cada rueda, adaptándose perfectamente a las
diferentes condiciones de adherencia entre el neumático
y el suelo y en un tiempo extremadamente breve, mucho más
breve de lo que podría conseguir un conductor altamente
experimentado.
¿Cómo
utilizar el ABS?
La mera presencia del ABS en un vehículo
no asegura que su comportamiento sea el ideal. Es necesario conocer
las pautas para obtener el máximo partido de este avance
tecnológico.
Ante una frenada de emergencia, en un vehículo
con ABS, debe usarse el freno enérgicamente; es decir,
pisar a fondo el pedal del freno y no dejar de aplicar la máxima
presión hasta que el vehículo se encuentre detenido.
Adicionalmente, y para sacar el máximo rendimiento a este
sistema de seguridad activa, se deberá realizar una maniobra
de evasión, es decir, esquivar el objeto que ha provocado
la situación de emergencia.
Se ha detectado que, en casos de frenada
de emergencia, muchos conductores, cuando entra en funcionamiento
el sistema ABS, y debido a su propio funcionamiento, levantan
el pie del freno, al sentir las vibraciones que transmite el ABS
al pedal. La consecuencia de esta acción es que se reduce
la presión en los frenos, y, por tanto, disminuye la capacidad
de retención del sistema, aumentando, por tanto, la distancia
de frenado, circunstancias todas ellas indeseables en caso de
una frenada de emergencia.
Los distintos fabricantes de vehículos
han constatado esta realidad, diseñando un sistema, complementario
al propio ABS, cuya misión es suplir la falta de pericia
de los conductores en el uso de un vehículo con un sistema
antibloqueo de frenos. Estos dispositivos, denominados de manera
genérica sistemas de asistencia en frenada (BAS, SAFE,
NBA
), reaccionan de manera que, cuando detectan una frenada
de emergencia, aplican la máxima presión al sistema
de frenos, independientemente de la energía que ejerza
el conductor sobre el pedal. De esta manera, fuerzan la entrada
en funcionamiento del ABS con el máximo provecho de sus
prestaciones.

Situaciones
especiales
Aunque, de manera general, el ABS consigue
reducir la distancia de frenado respecto a un vehículo
sin este sistema de seguridad activa, existen situaciones en las
que este principio no se cumple. Por ejemplo, ante una frenada
de emergencia sobre gravilla o nieve blanda.
En estos terrenos, al presionar con energía
el freno en un vehículo sin este dispositivo, las ruedas
se bloquearán, deslizándose sobre el suelo, pero,
debido al arrastre de material que se produce, se forma una cuña
delante del neumático, que obliga a detener el vehículo.
En la misma situación, un vehículo con ABS, al no
bloquear las ruedas, no produce el arrastre del material ni la
consiguiente cuña delante del neumático, por lo
que la distancia de frenado puede alargarse. No obstante, un vehículo
con ABS siempre tendrá mayor capacidad direccional.
Es conveniente conocer con anterioridad
a una situación de emergencia el comportamiento de nuestro
vehículo. Para ello, es recomendable practicar, en un lugar
donde no exista peligro, frenadas enérgicas sobre distintos
terrenos, con el fin de saber cómo se comporta éste
y qué sensaciones se perciben al entrar en funcionamiento
el sistema ABS.

Mantenimiento
El sistema ABS no requiere cuidados específicos.
El mantenimiento debe orientarse a los elementos clásicos
del sistema de frenos: pastillas, discos y líquido de frenos.
Todo ABS dispone de una función de autodiagnosis,
que indica su operatividad a través de un testigo luminoso
situado en el cuadro de instrumentos. Si el testigo permanece
encendido después de poner en marcha el vehículo,
significa que el sistema está inactivo. En estas circunstancias,
un automóvil con ABS se comportará como otro con
un sistema de frenos tradicional.
También es importante destacar
la influencia que tiene el buen estado de los neumáticos
y de los amortiguadores en un vehículo con ABS. Con estos
elementos deteriorados, el sistema antibloqueo de frenos entraría
en funcionamiento más veces de las necesarias, alargándose
las distancias de frenado y perdiendo estabilidad en la dirección
en maniobras evasivas.

Falsa
sensación de seguridad
Pese a que los vehículos son cada vez
mas seguros y están dotados de mayores avances tecnológicos
que mejoran su comportamiento, los accidentes no se han reducido
ni en número ni en gravedad.
En muchas ocasiones, esto viene determinado
porque algunos conductores tienen una falsa sensación de
seguridad, al estar al volante de un vehículo equipado
con sistemas avanzados, como el ABS, el ESP o los airbags.
Hay que tener presente que todos estos
sistemas están pensados para poder salir airoso de situaciones
comprometidas y no para buscar una conducción más
allá de los propios límites de la física.

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