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¿Y ahora qué?
Aunque no fueron de texto,
considero que tres son los libros que, de mi época de estudiante, me han
servido para entender el mundo empresarial de los albores del tercer
milenio a la luz del ocaso del segundo.
Eliyahu Goldram en su libro La meta no sólo me inculcó las ideas de
productividad y mejora continua incremental de las organizaciones, sino
que también estableció la importancia de definir correctamente el fin al
que dirigir estos conceptos.
James Womack con su obra, hoy en castellano, La máquina que cambió el
mundo me explicó la evolución desde la fabricación artesana de
automóviles a la fabricación en masa de la segunda revolución industrial
y, desde aquí, a la fabricación flexible. Con herramientas de calidad y
de análisis de procesos, el futuro es de las empresas que lo hagan bien
a la primera. Hacerlo bien es ser inquisidor de aquellas operaciones que
no aporten valor -y considero que esto es fundamental- para el cliente
y, directamente, desecharlas. Y el cliente, que cambia sus gustos, nos
demanda cintura (flexibilidad) para adaptarnos a todos y cada uno de
ellos.
Alvin Toffler, con La tercera ola, nos situaba desde principios del
siglo pasado en una sociedad en la se impondría el sector servicios
gracias a la revolución de información. Una aceleración del cambio y
nuevas organizaciones impulsadas por el desarrollo tecnológico en un
ámbito descentralizado y planetario (global) se impondrían en esta ola
post-industrial. Otras, seguirán enclavadas en olas anteriores...
Hoy me considero realmente afortunado por haber tenido la oportunidad de
prepararme para el mundo actual de la mano de estos maestros. Pero ¿y
ahora qué? Considero que el reto es pasar de lo que hacemos a lo que
deberíamos hacer, que, a su vez, es variable. Pero ¿cómo saber lo que
deberíamos hacer? A falta de brújula no veo más que dos posibles
opciones: la parálisis o el movimiento en la bruma, realmente, el único
camino posible. Para ello son necesarias, por un lado, la prudencia de
una continua y sistemática vigilancia activa del entorno y, por otro,
una gestión estratégica de la Investigación, Desarrollo e innovación (I+D+i)
para ser capaces de variar nuestros procesos, habilidades y, en última
instancia, productos, según nos indique este inteligente mirar
alrededor. Debe convertirse en una actitud permanente de predisposición
al cambio. Apasionante.
Luis Mayorga Malvárez
Jefe Dpto. Cursos y Publicaciones
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