Vehículos clásicos restaurados

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POCO PODÍA IMAGINARSE DON ROMÁN HOYOS, ALLÁ POR EL LEJANO 1986, QUE EL REGALO QUE LE HIZO A SU NIETO JUAN CARLOS POR SU CUMPLEAÑOS, UN SIMCA 1200 TI NUEVECITO, PROVOCÓ QUE LE ENTRARA YA PARA SIEMPRE EL GUSTO POR EL COLECCIONISMO.

La mayoría de los aficionados a los vehículos clásicos (desde los años 50) y antiguos (de época anterior), sobre todo aquellos que van más allá y se convierten en restauradores de coches y coleccionistas una vez que los han vuelto a “revivir”, suelen tener antecedentes sentimentales con alguno de sus primeros coches.

Nuestro compañero de CESVIMAP Juan Carlos Hoyos no podía ser una excepción. Su afición a los vehículos de colección comenzó con el Simca 1200 TI que le regaló su abuelo, por lo que para él este primer vehículo supone un alto valor sentimental.

Con el paso del tiempo, mucho esfuerzo y horas robadas a la familia y al sueño, para Juan Carlos poco a poco se ha ido convirtiendo casi en una forma de vida, forjando una amplia y atractiva colección de vehículos clásicos.

Al primer Simca le siguieron vehículos que exigían un mínimo desembolso –por lo que había que trabajar para sacar el coche adelante–… Tanto es así que, a su segundo coche, un Citroën Dyane 6 de 1976, hubo que restaurarlo de arriba a abajo, dado el lamentable estado en el que se encontraba después de haber estado inmóvil y a la intemperie durante más de veinte años.

Al Citroën se le sumaron varios Minis, otro Simca 1200, diversos Renault 8 y Supercinco, un BMW ranchera, un Talbot Samba, dos Rover, un 820 y otro coupé, y los protagonistas de este artículo: un Dodge 3700 GT y un Simca 900.

DODGE 3700 GT, 1975

Una de las cosas más divertidas que tiene esta afición, a tenor de Juan Carlos, es indagar en la historia de cada coche. Recopilar datos, conocer quiénes fueron sus anteriores propietarios, de qué forma se formaron las “heridas de guerra” que muestra la carrocería…, en definitiva, la vida y milagros de cada coche de la colección.

En los años 70, a los Dodges GT se les denominaba coches de ministro, en color negro, que era más serio. Este “monstruo” mecánico de gasolina de 6 cilindros en línea, que cubica 3.687 centímetros cúbicos y pesa casi 1.600 kg, llegó a su actual propietario en un estado mecánico aceptable; si bien, necesitaba un buen repaso y una cuidada restauración de carrocería e interiores.

Obligatorio fue el saneado y pintado exterior completo en su color azul original, por supuesto, junto con un esmerado y paciente ”rejuvenecido” del techo exterior negro de vinilo, que tuvo que realizarse tras desmontar completamente el Dodge. Los faros y pilotos traseros se sustituyeron por unos nuevos, refabricados actualmente –muy difíciles de conseguir debido a su escasez–.

El brillo de sus cromados, otra característica de los clásicos de colección, los lleva a rajatabla este Dodge: paragolpes delantero y trasero, retrovisores y llantas muestran este brillo tan llamativo.

El interior del vehículo, al tratarse de un turismo de alta gama, se completa con asientos de cuero. Fue necesario sanearlos con productos químicos de reparación y numerosas inserciones chapadas de madera, “rejuvenecidas” con paciencia con los productos renovadores adecuados.

Su mecánica no presentaba problemas graves. Fue revisada totalmente, cambiando todos los líquidos, parte del cableado, que estaba cuarteado, bujías, correas, juntas y casi todos los manguitos y el tubo de escape, totalmente destrozado por la corrosión.

Aunque los Dodges GT de los años 70 ya tenían mala fama por frenar muy mal, éste, en concreto, se encontraba muy deteriorado en este aspecto. Nuestro compañero Juan Carlos tuvo que sanear y sustituir las pastillas y pinzas de freno para lograr que el vehículo no tuviese posteriores problemas al pasar la inspección técnica correspondiente.

Su radio es de la época, saneando todos los interruptores del cuadro y “volviendo a la vida” su aire acondicionado –eran muy pocos los coches que lo montaban en la década de los 70–. Detalles que han hecho que sea uno de los vehículos más impresionantes de la colección de Juan Carlos Hoyos.

SIMCA 900, 1972

Completamente diferente en diseño y concepto, en este caso, es un vehículo de turismo modesto, más accesible al español medio de los 70 que el Dodge. Este Simca fue rescatado de un pajar de Ávila, donde lo había tenido su único dueño desde lo compró, allá por el año 1972. Lo encontró Juan Carlos de forma casual, e inmediatamente se trasladó a aquellos años donde un Simca igual había pertenecido a su padre. Pronto llegó a un acuerdo con su propietario y, si bien el vehículo necesitaba mucho trabajo para restaurarlo, merecía la pena ponerse manos a la obra con aquel nuevo proyecto.

Comenzó con un desmontaje completo para sanear y pintar la carrocería, tanto interior como exteriormente, para proseguir con el pulido de todos sus metales, deteriorados por el paso del tiempo –aunque no de forma notoria– ya que el coche había estado parado bajo cubierto: las denominadas “mascotas” de paragolpes, los tapacubos y los marcos de faros y pilotos. Lo más difícil de solucionar fueron detalles como las molduras laterales y las letras “Simca”, muy escasas en el mercado de recambios para vehículos de colección.

El apartado mecánico, sin embargo, fue mucho más sencillo, encontrándose este pequeño motor de 4 cilindros y 900 centímetros cúbicos en buen estado; tan solo necesitó una revisión completa y la sustitución de juntas y manguitos. Para el interior del Simca fue necesario realizar una limpieza en profundidad que devolviera el brillo a los asientos, de material sintético. Junto con la alfombrilla original de la época, completóel restaurado interior.

Los trabajos sobre este veterano de los años 70 se completaron con numerosos detalles de fino coleccionista-restaurador, que diferencian un sobresaliente trabajo, como las alfombrillas de las ruedas, la radio original sólo con AM… Y ¡cómo no! El perrito que mueve la cabeza con el vaivén del coche. ¿Quién no lo recuerda en los vehículos de hace decenas de años al verlo en la luna trasera?

La receta que hallamos en Juan Carlos es simple, a la par que compleja. Un aficionado a los coches y su historia, más unos gramos de pintor, junto con una pizca de mecánico, reaccionan exotérmicamente produciendo un coleccionista-restaurador de coches clásicos, y generando una cantidad ingente de energía en forma de afición y entusiasmo.

Juan Carlos Hoyos Herrero (Ávila, 1970)
Este joven veterano integrante de la plantilla de CESVIMAP desarrolla su trabajo, desde hace más de veinticinco años, en el departamento de Administración. Aficionado a los vehículos antiguos y clásicos desde pequeño, colaborador en la organización de ferias y exposiciones, dispone de algunos de los vehículos de colección mejor restaurados de Ávila. Los utiliza en el día a día y los conduce también en las concentraciones, excursiones y salidas que salpican nuestra geografía nacional para estos especiales vehículos.