Editorial: Tope de gama

El Mobile World Congress, celebrado el pasado febrero en Barcelona, es cada vez más un escaparate donde la tecnología móvil se une a la automoción, “auto-movilidad”, incorporando la comunicación al desplazamiento; ya sucedió en CES Las Vegas, en enero.

 La conectividad, hoy por hoy, es uno de los puntos de inflexión de las marcas de automóviles, que presentan las novedades tecnológicas de sus coches como si de smartphones se tratasen. A mí me surge la duda de si se le concede más importancia a ello que a la dinámica o prestaciones del vehículo… Sin responder a esta pregunta, al menos sabemos que, como usuarios, hemos aumentado exponencialmente nuestra demanda de consumo de información en la vida cotidiana y profesional. Vivir sin estar conectados no es vivir, o no para el mercado de la automoción. Desde Nissan, que ha exhibido su conectividad NissanConnect EV y la tercera generación del Leaf en un packaging espectacular, una enorme caja como si fuera un móvil más; a Volvo, que anuncia que el próximo año sus coches tendrán llave digital, mediante app; o Seat, que ha desarrollado con Accenture otra aplicación que conecta coche–hogar.

El concepto de smart city al que tendemos es un lugar que mejore nuestra calidad de vida –“no quiero regalos, quiero tiempo” me dijeron una vez–: las infraestructuras de transporte, de comunicación y la reducción del consumo de energía de recursos naturales,  a través de las TIC, tecnologías de información y comunicación. Nuestra movilidad “tope de gama” superará una mera conexión a internet o un streaming. Nos facilitará la vida, para afrontar innovaciones inteligentes y sostenibles, con progreso económico, social y empresarial.

O nos integramos nosotros y nuestras empresas, o nos quedamos fuera. Y la opción es ahora, cuando este mundo está dando sus primeros pasos, ya que cuanta más velocidad vaya tomando, más ágiles tendremos que ser y más esfuerzos hacer para incorporarnos a esta revolución.

Teresa Majeroni

 

 

 

 

 

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