Mascarillas, protección facial y COVID-19

 Protección respiratoria. Mascarillas autofiltrantes

Las vías respiratorias son las puertas de entrada al cuerpo humano de contaminantes. En determinados casos, el contaminante puede detectarse fácilmente por medio del olor, el humo o el polvo, pero existen algunos gases inodoros, virus o bacterias, que pueden resultar agresivos para el organismo y son imposibles de detectar.

Existe un valor límite ambiental (VLA), catalogado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo; es el valor de referencia para la concentración de una sustancia o agente químico en suspensión, por debajo de la cual se cree que casi todos los trabajadores pueden estar expuestos, día tras día, toda su vida laboral, sin sufrir efectos adversos para su salud. Por encima de él es necesaria la protección.


Los equipos de protección respiratoria, conocidos con el nombre de mascarillas, son EPI que se utilizan habitualmente en el taller de automóviles. Dichas mascarillas deben cumplir lo dictado en la siguiente normativa y legislación:

Las necesidades de protección más habituales de estos EPI son:

    • Protección frente a partículas sólidas: en operaciones como lijados.
    • Protección frente a humos: en operaciones como soldaduras.
    • Protección frente a gases y vapores: en operaciones como soldaduras, aplicación de adhesivos y operaciones de pintado.

La norma EN 149: 2001 especifica los requisitos mínimos que deben cumplir las mascarillas autofiltrantes desechables para ser consideradas equipos de protección, así como las exigencias esenciales de sanidad y seguridad, que deben cumplir para preservar la salud y garantizar la seguridad de los usuarios.

Básicamente, están constituidas de un material filtrante, constituyendo una pieza facial, cuyo filtro principal forma parte inseparable del dispositivo. Cubren la nariz, la boca y el mentón, y pueden contener válvula de exhalación.

Las mascarillas autofiltrantes deben garantizar un ajuste hermético, en un ambiente contaminado, en atmósfera seca o ambiente húmedo, y con el movimiento de la cabeza.

El aire penetra en la mascarilla y pasa a la nariz y a la boca. El aire exhalado sale hacia el exterior por el material filtrante o válvula de exhalación cuando dispone de ella. Están diseñadas para la protección frente a polvo y aerosoles líquidos y sólidos.

El factor de protección (FPN) en el lugar de trabajo es la relación entre la concentración de un agente en la zona de respiración (fuera de la mascarilla) y la concentración de este agente en el interior de la pieza.

Clasificación de las mascarillas autofiltrantes

Estas mascarillas se clasifican en función del rendimiento, porcentaje de penetración de partículas hacia el interior y factor de protección; pueden ser de tres tipos: FFP1, con un porcentaje de protección < 20% de partículas sólidas que penetran hacia el interior; FFP2, como protección intermedia < 6%, y FFP3, mayor protección <1%. Cumplen con la norma y deben marcarse de forma legible, clara y duradera con la siguiente información:

    • Certificado CE: conformidad del sistema de garantía de calidad.
    • Nombre: marca registrada u otros medios de identificación del fabricante o suministrador.
    • Marca de identificación del tipo.
    • Clasificación: la clase apropiada (FFP1, FFP2 o FFP3) seguida de un espacio y después.
    • «NR», si la media máscara filtrante contra partículas no es reutilizable, o «R», si la media máscara filtrante contra partículas es reutilizable.
    •  Norma, número y año de publicación.

Mascarillas para partículas

Estas mascarillas también pueden disponer de válvula de exhalación. Su función es permitir la salida del aire al exterior, lo que hace más agradable su uso, sin reducir la protección del usuario, pero no la protección colectiva, en caso de transmisión de virus o bacterias. Este tipo de mascarillas es adecuado para personas con problemas respiratorios.

Mascarillas, con y sin filtro

En reparación de vehículos también se utilizan equipos de protección con filtros recambiables y equipos autónomos, sobre todo en operaciones de pintado. Normalmente, están diseñados para proteger toda la cara y las vías respiratorias, frente a vapores. Pueden denominarse máscaras.

La tipología de los filtros externos define la protección contra vapores orgánicos, gases inorgánicos, gases ácidos, amoniaco y derivados. Se certifican según la norma EN 14387.

Elección y utilización de las mascarillas

La elección de un equipo de protección como las mascarillas depende de diferentes factores a tener en cuenta: como el ambiental, el tipo de riesgo, las características del puesto de trabajo, las características del usuario, etc.  

La utilización correcta de las mascarillas garantiza su efectividad; deben colocarse correctamente para conseguir la máxima hermeticidad. Hay que tener en cuenta que la barba o el pelo reducen considerablemente su eficacia.

Las mascarillas quirúrgicas que se están utilizando actualmente entre los ciudadanos como protección personal no sirven para usarse en reparación de vehículos; su función principal no es impedir la penetración de sustancias al interior, sino reducir la transmisión, de dentro hacia afuera, de microorganismos que puedan estar presentes en el aparato respiratorio del usuario. Las mascarillas caseras son otro ejemplo de este uso profiláctico, pero sin garantía ni efectividad.

Protección facial y ocular

Los ojos están expuestos a riesgos químicos, mecánicos, proyecciones de material fundido, esquirlas, polvo, gotas o salpicaduras de líquidos, virus, bacterias y radiaciones de luz.

Estos equipos están regulados por la Normativa Europea EN 166:2001, aplicable a todos los protectores oculares y sus acoplamientos, que se utilizan en situaciones de riesgo en las que se puedan producir lesiones en los ojos o alteraciones de visión.

Las pantallas hechas en 3D, con cualquier plástico transparente como protección facial, no cumplen con la normativa vigente; por ejemplo, no son aptas para proyecciones de partículas de alta energía, y su uso prolongado en entornos laborales de reparación de vehículos puede crear alteraciones para la salud.

 

Las mascarillas autofiltrantes que se utilizan en los trabajos de reparación y pintado en el taller, en la mayoría de los casos, son las FFP2 y FFP3, que, dentro de las autofiltrantes, también son las adecuadas como medida de protección contra el COVID-19.

Por esta razón, hay numerosas ocasiones en las que puede resultar adecuado que, aunque el operario haya concluido con el trabajo en el que debía utilizar su mascarilla autofiltrante, sin embargo, sea conveniente, ahora sí como medida de prevención frente al COVID-19, que no prescinda de ella.

Por ejemplo, cuando la operación de taller se esté realizando, simultáneamente, por varios operarios, puede que la distancia entre ellos sea inferior a la de seguridad de 2 metros, por lo que haría recomendable seguir llevando la mascarilla puesta, siempre y cuando no existan medios de protección colectiva al efecto, como una barrera física, tipo mampara de protección.

Se ha de usar también en aquellas situaciones en las que el jefe de servicio, el chapista, el pintor o el mecánico tengan cercanía inferior a la distancia de seguridad de 2 metros, bien entre ellos, o incluso con personal ajeno al taller, como puede ser un proveedor, un perito, etc.

En esas circunstancias, es recomendable continuar llevando puesta la mascarilla autofiltrante utilizada para los trabajos propios del taller, ya que, de esta forma, se evitarán también las posibles contaminaciones al ponerla y quitarla de la cara.

Pero hay otras operaciones habituales en el taller, como la manipulación del interior de un vehículo por parte de varios operarios simultáneamente, en las que también se deberá utilizar la mascarilla autofiltrante que haya podido ser usada en alguno de los trabajos anteriores por parte de los chapistas.

Hay que tener siempre presente que, debido a la propia naturaleza de los trabajos que se realizan en un taller de reparación, las mascarillas autofiltrantes quedan inservibles mucho antes que en su empleo en la calle. Su duración es menor y deben ser renovadas con mayor frecuencia.

Una de las maneras más recomendables para evitar la contaminación del interior de la mascarilla es su correcta manipulación y, además, cuantas menos veces se ponga y se quite menos posibilidades habrá de que se contamine. Por ello, en el trabajo en el taller, y teniendo presente episodios como el COVID-19, resulta muy recomendable la mínima manipulación.

El taller de reparación es un espacio cerrado, en el que conviven, durante muchas horas, una serie de trabajadores que exhalan e inhalan continuamente aire, en ocasiones haciendo, además, esfuerzos físicos elevados. Por ello, los equipos de protección respiratoria y facial se deben utilizar a diario; están homologados y cumplen con los objetivos para los que fueron diseñados. Usar el equipo adecuado no asegura que proteja del agente, si no se emplea correctamente. Por lo tanto, es fundamental que el usuario conozca su manejo y sus limitaciones.

La protección y la seguridad en el puesto de trabajo beneficia a los trabajadores, las empresas y al sistema. Utilizando los EPI correspondientes, respetando los protocolos y quedándonos en casa ¡lo conseguiremos!